Sinpa
Vengo a relataros un sucedido que me pasó ayer. Los que me conococeis, ya sabeis de mi tendencia al despiste, aunque ya me empiean a hablar de alzheimer...
Pues sucedió que estaba yo en Torrelodones poniendo gasolina en la gasolinera del casino. No había otro coche más que el mío y era una noche apacible íbamos a cenar a las Rozas. En el coche, Almu y mi hermana Marta; fuera del coche, yo con el pitorro en la mano y un gasolinero cincuentón en la caja/tienda.
Termino la faena ( o sea poner mil pelillas ) , dejo el pitorro en su sitio, cierro el depósito, rodeo el coche, me subo, y me voy, marcándome inadvertidamente un precioso sinpa con nocturnidad (eran como las 11 de la noche).
A los trescientos metros me doy cuenta del delito cometido y al grito de Joderr, ¡Que no he pagao...!
A la cara de incredulidad de mi esposa y hermana siguiéron comentarios del tipo, si es que no se puede contigo, mi hermana, hay que volver..., ya te vale...
Al final tuve que ir a las Matas, hacer cambio de sentido, volver a Torrelodones y aterrizar en la gasolinera.
Despues de confusas y absurdas excusas y explicaciones le aclaro el enturrto al gasolinero, que al verme irme a la fuga, solo le dió tiempo agrabatear unas cosas en el correspondiente tiquet que se emite desde su maquinita de cobro. Muy amablemente, me lo dió.
Ahí os lo adjunto.

La última frase, no se la perdono, que se habrá creído.
Pues sucedió que estaba yo en Torrelodones poniendo gasolina en la gasolinera del casino. No había otro coche más que el mío y era una noche apacible íbamos a cenar a las Rozas. En el coche, Almu y mi hermana Marta; fuera del coche, yo con el pitorro en la mano y un gasolinero cincuentón en la caja/tienda.
Termino la faena ( o sea poner mil pelillas ) , dejo el pitorro en su sitio, cierro el depósito, rodeo el coche, me subo, y me voy, marcándome inadvertidamente un precioso sinpa con nocturnidad (eran como las 11 de la noche).
A los trescientos metros me doy cuenta del delito cometido y al grito de Joderr, ¡Que no he pagao...!
A la cara de incredulidad de mi esposa y hermana siguiéron comentarios del tipo, si es que no se puede contigo, mi hermana, hay que volver..., ya te vale...
Al final tuve que ir a las Matas, hacer cambio de sentido, volver a Torrelodones y aterrizar en la gasolinera.
Despues de confusas y absurdas excusas y explicaciones le aclaro el enturrto al gasolinero, que al verme irme a la fuga, solo le dió tiempo agrabatear unas cosas en el correspondiente tiquet que se emite desde su maquinita de cobro. Muy amablemente, me lo dió.
Ahí os lo adjunto.

La última frase, no se la perdono, que se habrá creído.

